(Pieter Brueghel de Oude, Los siete pecados capitales. La gula)
El mundo está hecho de paradojas que están ahí para que las descubra el que tenga intención de descubrirlas. Por mi parte, la pasada Nochebuena tuve otra revelación. Resulta que el día en que católicos practicantes y católicos de boquilla celebran el nacimiento de su Salvador, todos cometen un pecado capital: la gula. Pero claro, el jamón, el queso, la caña de lomo, las gambas y demás exquisiteces están demasiado buenas. El estómago no sabe de pecados del alma. Amén.